lunes, 20 de febrero de 2017

Carta del jefe indio Noah Seattle

       Queridas lectoras y queridos lectores...

       Hace una semana publiqué en este mismo Blog una entrada muy especial, se trata del último mensaje de Baden Powell a los scouts, si te la perdiste puedes hacer click aquí. 

       En vista del gran éxito que tuvo, he decidido traeros otro escrito también muy emotivo. Se trata de la carta del gran jefe indio Noah Seattle que en 1854 escribió como respuesta a una propuesta del entonces presidente de Los Estados Unidos, Flanklin Pierce, en la que pretendía comprar las tierras a Seattle y crear una reserva india para firmar la paz de los enfrentamientos entre indios y el hombre blanco. A esta carta se la considera el primer manifiesto en defensa de la naturaleza y el medio ambiente y dice así: 



"El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Wáshington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.

Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.

Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.

Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Wáshington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.

Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.

La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.

Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un salvaje y no comprendo.

No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.

¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.

El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.

Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.

¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.

Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.

Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.

Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.

Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.

Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca.

La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.

Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja.

Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.

¿Dónde está el matorral? Destruido.

¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.

Termina la vida y empieza la supervivencia."



       En 1855 se firmó la paz con el tratado de Point Elliot. Hace 151 años que Seattle murió y aún perdura su memoria. Me leyeron esta carta por primera vez cuando era una niña y sigo pensando lo mismo: llamamos salvajes a los habitantes de tribus, incivilizados o ignorantes cuando los occidentales acabamos de llegar al mundo y no tenemos ni idea de cuidarlo. Aún tenemos tanto que aprender... 

20 comentarios:

  1. Algo recordaba de esta carta pero ya casi la tenía olvidaba, que recuerdos. B7s

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo es que soy muy friki y de peque hasta hacíamos canciones con la letra y todo :D

      Eliminar
  2. Muchas gracias por compartirla :D

    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Qué honda reflexión... Muchas gracias por compartir estas curiosidades con nosotras :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias a vosotras por disfrutarlas conmigo! ^^

      Eliminar
  4. Muy buena la carta! Gracias por compartirla.

    Besos!

    ResponderEliminar
  5. Muy interesante, muchas gracias por compartir esta entrada con nosotros para que todos pudieramos leer la carta, supieramos o no de su existencia anteriormente
    ¡un beso!

    ResponderEliminar
  6. hola,
    yo no habia leido esta carta ni sabia de ella. Me ha dejado impresionada la forma de expresarse del jefe indio... gracias por compartirla en tu blog

    besotes

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias a ti por venir a disfrutar de ella ^^

      Eliminar
  7. Vale, no he podido evitarlo, al llegar a la frase "Tal vez sea porque soy un salvaje y no comprendo" he roto a llorar. Porque es cierto, los salvajes somos nosotros, unos irrespetuosos, unos egocéntricos y unos aprovechados. Hablo generalizando, obviamente. Pero es que pienso en todo el daño que le ha hecho parte de nuestra raza a este precioso planeta que tenemos y es que se me cae el alma a los pies... No es justo. Sencillamente no es justo que se nos ofreciera tanto y en muy poco tiempo nosotros mismos nos encargáramos de extinguir su esplendor en pos de una "civilización" tan artificial, material y consumista. Repito, no es justo. En fin... Supongo que lo hecho está hecho y nadie puede revivir a esos pobres búfalos arrollados o devolver la libertad a esos caballos que se vieron forjados a obedecer nuestras órdenes, pero mientras sigan habiendo ríos que desemboquen en el mar, mientras hayan pájaros que alegres canten la llegada de un nuevo amanecer, mientras podamos disfrutar de una cálida brisa de verano y mientras hayan unas pocas personas en la Tierra que valoren estos hechos y los demás regalos de la naturaleza, habrá esperanza de que un mundo mejor y más respetuoso es posible.
    Infinitas gracias por compartir este tesoro en forma de carta.
    Un gran abrazo :3

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo lo habré leído docenas de veces y siempre siempre me emociona. Dice verdades tan sencillas y que están tan ocultas que me pone los pelos de punta. Cada vez que lo leo encuentro algo nuevo, en muy pocas palabras dice muchísimo y te hace reflexionar y le da la vuelta a todo tu mundo, de repente lo que está bien o está mal se desdibujan y tienes que reflexionar para volver a construir tu concepción del mundo. Sin duda es un escrito maravilloso. Me ha emocionado mucho también saber que te ha gustado tanto. ¡Gracias por tener ese corazón que tienes! :_)

      Eliminar
  8. Geles...
    Esto es una de las cosas más bonitas que nos has traído por aquí. Con tu permiso voy a compartirla en Google+. Y en Facebook. Y en Twitter. Porque aquí me tienes, emocionada como una tonta ante unas palabras que llegan al alma.
    Da igual la piel roja, blanca. Somos todos iguales, salvo por una cosa: la grandeza de espíritu del hombre que escribió estas palabras no está al alcance de cualquiera. Porque para ser grande hay que saber que la destrucción solo trae más destrucción. Para ser grande hay que conocer el respeto por lo ajeno. Hay que saber hablar con la naturaleza, porque de ella somos, como él bien dice.
    Son valores tan profundos, que hacen tanto bien a aquellos que lo pueden comprender. Pero muchos no pueden entenderlos, porque destrozan todo cuando encuentran a su paso bajo el peso de la arrogancia y la creencia de que poseen la verdad y el derecho. No, amigo, no. Porque el día en que muramos, la Tierra seguirá estando aquí, intentando recomponerse del daño que estamos haciendo a todo lo que es diferente y no entendemos.
    Brillante.
    Muy brillante.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Mil gracias por compartir! es de esos mensajes que todo el mundo debería leer al menos una vez en su vida, para mí tiene enseñanzas en cada frase, ¡¡me encanta!! ^^

      Eliminar
  9. Diosss me ha encantado. Recuerdo que la leos alguna vez y de algunas cosas me acordaba levemente. Gracias por hacerme revivir tiempos pasados y mil recuerdos abandonados.
    Besos guapa

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me encanta que ya la conocieras, es un texto precioso, nunca está de más volver a leerlo y empaparse de su sabiduría ^^ Gracias por venir

      Eliminar
  10. Qué bellas palabras, me ha gustado mucho la carta. Creo que es una sección de lo más acertada para el blog.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Son realmente hermosas! Me encanta que unas simples letras, dependiendo del orden en el que se escriban, pueden llegar a tener un significado tan conmovedor que nos haga pensar. Es la magia de la escritura.

      Eliminar